SOBRE MÍ

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IGNACIO ARAGÜÉS

QUIÉN ES

¡Hola! Si has pinchado en ese botón es porque te interesa saber quién soy, qué hago, por qué y de dónde vengo. Vamos allá.

No sabía muy bien qué decir y qué no decir en esta sección. Supongo que lo que esperas de mí es que sea honesto y te cuente un poco del porqué de todo esto.

Me considero una persona inquieta. Desde muy pequeño me atrajo siempre me el arte, especialmente la música y la literatura. He sido escritor aficionado y también soy músico. Lo fui profesionalmente durante algunos años y toqué en orquestas y en diferentes formaciones.

También soy un enamorado del Inglés. Hice filología inglesa en la universidad de Zaragoza. He vivido largas temporadas en países anglosajones y he trabajado de profesor de inglés muchos años.

En mayo de 2009 la vida me dio un toque de atención a través de problemas de salud que año tras año, no hacían más que empeorar. Tuve la suerte de toparme con profesionales que me ayudaron con aquellos problemas en cuyo tratamiento hasta entonces la medicina oficial había fracasado. Aprendí que los síntomas sólo son manifestaciones de problemas, y no problemas en sí mismos.

Antes de cambiar mi dieta en mayo de 2009 ésta era muy mala. Para mí la alimentación no tenía ninguna importancia más allá de la necesidad de “llevarme algo a la boca porque tengo hambre”. También veía la comida como algo que alimenta los sentidos, algo que alimenta el placer que buscamos, desde un punto de vista puramente sensorial. Sin embargo, la verdad es que siempre me gustó cocinar para los demás, como un acto de servicio y de un “compartir”, una forma de amar.

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Recuerdo mi primera cena “macrobiótica”. Fui con mi lista a una tienda ecológica a aprovisionarme de alimentos que yo no había visto en toda mi vida: Seitán, tofu, miso, daikon, trigo sarraceno, mijo, quinoa… ¿qué era todo aquello?

Empecé a seguir las recetas al pie de la letra. Cambié de la noche a la mañana, sin hacer ningún tipo de transición. En un día dejé de tomar bollería industrial, azúcar, lácteos, solanáceas… recuerdo que el café me costó dejarlo bastante, ¡me caía de sueño por las esquinas! El azúcar no me costó tanto. Supongo que fue porque el concepto del desayuno era tan radicalmente distinto, que no había cabida para el “mono”… en la nueva dieta desayunaba cosas como crema de arroz, pan de levadura madre, copos de avena, sopa de miso…

Confieso que al principio no fue fácil – la realidad es que me pegaba “todo el día en la cocina”. Tenía que hacer lo que hasta entonces no había hecho, es decir, hacerme responsable de mi propia salud. Tomar consciencia de esta realidad no fue fácil. Ahora tocaba escuchar los mensajes que me mandaba mi cuerpo y actuar en consecuencia, de forma responsable.

Empecé a sentirme muy bien, con la cabeza más clara. Dormía como nunca antes. Los dolores de cabeza y las migrañas desaparecieron totalmente. Tuve una mejoría enorme. Me sentía “limpio”, con ganas de hacer cosas, lleno de energía y optimista. No creía que aquello pudiera ser verdad. ¿Por qué ningún médico hasta entonces me había hablado del enorme poder curativo de los alimentos? ¡No me podía creer que fuera tan sencillo! Así comenzó algo que sería un camino sin retorno, de autodescubrimiento, de profundización hacia mí mismo.

Empecé a leer a George Ohsawa (de nacionalidad japonesa), el introductor de la “macrobiótica” en Occidente… y se me abrió un mundo nuevo del que lo desconocía casi todo. Su lenguaje me parecía radical, extremista, anticuado… pero sin embargo rebosaba autoridad, era brutalmente honesto y directo en sus enseñanzas, era cautivador y emocionante a la vez.

Etimológicamente “radical” viene de “raíz” y vengo desde entonces comprendiendo que acudir a la “raíz” en este mundo tan loco muchas veces es totalmente necesario. Y sin embargo, creo que la macrobiótica tiene que evolucionar más allá de las raíces pero sin olvidarse de dónde éstas se encuentran.

En todo este tiempo, siete años ya, y más que vendrán, he pasado por muchas etapas. Sí, también pasé por la etapa “radical” e “intransigente” del que se siente “un bicho raro”. No quería que nadie se enterase de que yo era “diferente” y que “comía raro”. Pasé por la etapa de “estar enfadado con el mundo”, porque ir contra corriente no es fácil, y sin embargo era el único camino que hasta
entonces me había ayudado. Me sentía “estafado por el sistema”, de alguna manera.

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Pero después de la tormenta siempre viene la calma. Y todos los procesos van discurriendo inexorablemente. Pasé del “que no se entere nadie” a “esto hay que darlo a conocer y compartirlo”, para que aquello que a mí me ha ayudado pueda ayudar también a aquellos que estén en el mismo camino de búsqueda.

Sí, la vida es un camino de búsqueda. Durante este tiempo he pasado por muchas etapas de evolución y comprensión. Hoy estoy aquí para compartir contigo lo que he aprendido y, si es posible, poder ayudarte en este camino vital que todos compartimos, aunque a menudo no seamos conscientes de ello.

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